San Andrés vs la quema del acordeón de Emilianito

20 diciembre 2013 admin Historias

 

Emilianito Zuleta – Portada del álbum ‘Solo Clásicos’

Si Colombia pierde el mar de San Andrés, yo quemo mi acordeón: dice Emilianito.

Uno de los mayores méritos de la vieja música de acordeón, destacado por Gabriel García Márquez en numerosos artículos periodísticos y textos de ficción de 1948 a 2002, es su arraigo rotundo en la realidad.

Noticia o caso cantado, los mejores cantos vallenatos tienen su punto de partida en un suceso verídico, el cual es recreado por el compositor mediante la alquimia poética y la armonía musical. Gracias a sus letras, nos enteramos no sólo de las incidencias de su vida, sino también de los chismes y los chascos de personajes locales y del acontecer cotidiano o histórico de un pueblo, de una región e, incluso, de Colombia y del mundo.

Ninguna otra manifestación musical popular del país nos ofrece en cantidad ni en calidad un inventario similar de sucesos como el que registra el vallenato, en particular, y, la música de acordeón del Caribe colombiano, en general.

Sin la pretensión de ser exhaustivos citemos algunos: el accidente de aviación en el cerro del Tablazo, el robo honrado de una áurea custodia linda, bien grande y pesada, en la iglesia de Badillo; la caída de las ‘mamonudas’ torres gemelas en el ‘caserío’ de Nueva York, la llegada de la luz eléctrica a Sampués,la folclórica guerra con el Perú, el heroísmo infame de la Chulavita, la toma del poder por el general Rojas Pinilla, el contrabando de chirrinchi del padre Serrano y su hijo, el fracaso del Incora, los préstamos ‘palanqueados’ de la Caja Agraria, el premio Rómulo Gallegos y el Nobel al escritor García Márquez, el campeonato del mundo del palenquero Pambelé, el arribo ruin del Almirante Padilla a Puerto López, la mala comida del internado del Liceo Celedón, los piratas vallenatos que le roban la música a los compositores sin fama y los obligan a silbar para dentro, el matrimonio afrodescendiente de Mariangola, al que le nació un hijo cachaquito; la parranda vallenata del presidente Valencia en pleno Palacio Presidencial y el regalo de una garra de águila payanesa al compositor Escalona, el insensato asesinato de Gaitán, la candidatura de El Pollo López, el encendido siniestro de Ovejas, las cinco noches de velorio de Abel Antonio Villa, la fundación de la Intendencia Nacional de La Guajira, los trasplantes cardíacos del doctor Barnard, el bicentenario de San Jacinto, Bolívar, tierra de la hamaca grande y del collar de cumbias; y el desbarrumbe de los palcos de una corraleja sabanera.

En estos tristes días recientes en los que el país se ha sentido vapuleado por el fallo ‘salomónico’ de la Corte de La Haya que nos priva de gran parte del mar Caribe y deja al archipiélago de San Andrés y a sus pescadores raizales casi sin posibilidades de ganarse el sustento, conviene recordar que hace veinte años, un músico de rancia estirpe de la antigua Provincia de Padilla, el villanuevero Emiliano Alcides Zuleta Díaz, hijo del célebre cantor de La gota fría, el viejo Mile Zuleta, había compuesto el canto San Andrés, en una amanecida en la paradisiaca isla, al enterarse de los temores de los nativos ante las pretensiones nicaragüenses de apoderarse del archipiélago, mientras contemplaba con su hermano el incesante mar de diamantes y espumas, bajo la sombra airosa de un palo de coco.

La canción la grabó el abogado kankuamo Pedro García con el acompañamiento en el acordeón de Miguel López, en un CD paradójicamente titulado Tiempos de parranda.

Desafortunadamente, como las emisoras de radio sólo programan la música si hay ‘payola’ de por medio, la pieza musical no se difundió como lo merecía, lo que hubiera contribuido a fortalecer la conciencia nacional ante esa amenaza inminente.

Con este canto, Emilianito Zuleta nos confirma una vez más su versatilidad como compositor y su sensibilidad social, puesta de manifiesto anteriormente en su canción Mi pobre Valle, en la cual clamaba por la paz en la región del cacique Upar, donde las antiguas serenatas de acordeón habían sido sustituidas por las sangrientas sinfonías de M1 y 9 mm.

Destacado creador de hermosas canciones de amor que se han inmortalizado en la memoria de los colombianos Mis vacaciones, Mañanitas de invierno, Indira, Cómo será, Pobre yo. Emilianito les ha cantado asimismo a sus colegas, a su padre, a su hermano, al acordeón, a la Virgen del Carmen, a sus hijos, a los atardeceres de Bocagrande y a los médicos que se la pasan prohibiéndoles a los pacientes el ron, las mujeres y los sancochos con yuca y chicharrón, mientras ellos sí se los comen impunemente (El desquite).

Músico innovador, Emilianito ha impuesto un estilo pausado, cadencioso y sin atropellos al interpretar el acordeón, que ha hecho escuela. Virtuoso de los tonos menores, es asimismo el único acordeonista que se ha ganado dos Grammy y uno de los dos que han ganado el premio Rey de Reyes de la Canción Inédita en el Festival Vallenato.

San Andrés es de las pocas canciones colombianas que exaltan ese mar “de mil colores / único en el universo”, al que los gobernantes nacionales (no por casualidad nativos del gélido páramo) le han dado indolentemente la espalda, el mar Caribe, en el que se encuentra “una isla encantada / adonde empieza Colombia”.

El canto, tras mencionar las pretensiones de Nicaragua y de los gringos, asume una actitud beligerante: “pero nosotros/ por ella vamos a luchar”. Olvidada por muchos años, pero protegida por diversos tratados y convenios, la isla ha despertado la codicia de un país vecino al que el compositor no duda en descalificar como “un país descuadernado (…)/un pueblo que no ha podido / a través de tantos años / arreglar su situación”. Ante la posible pérdida de una porción preciosa de la patria, hecho que vería como una mofa, el músico, indignado, ofrece el sacrificio del instrumento del que depende su existencia: “Mejor prefiero/ quemar mi propio acordeón/ si Nicaragua/ se burla de mi nación”.

Pedro García, el intérprete, quien conocía bien al compositor, después de cantar la estrofa final, comenta: “No, y es que lo quema. Mi compadre Emilianito es hilo hasta el carreto”. Sería el colmo que a la perpetua gota fría del fallo de La Haya se sumase ahora el silencio eterno del acordeón de Emiliano. No hay derecho a que un acordeonista de tantos quilates nos vaya a privar, sobre todo, en estos instantes infortunados, del dulce sosiego luminoso de su música con la que “el alma navega por un mar de dulzura”.

Gracias al puente que me tendió el también compositor e investigador Julio Oñate Martínez pude comunicarme telefónicamente con Emilianito Zuleta para comentarle que yo no veía la necesidad de que quemara el acordeón, porque la culpa no era de él, sino de la ininterrumpida ineptitud en el manejo de las relaciones internacionales de los sucesivos gobiernos colombianos para los cuales el mar jamás ha sido una prioridad, pues no forma parte de su entorno vital. No obstante, desde su celular, Emilianito se reafirmó en su promesa: “si Colombia pierde el mar, yo quemo mi acordeón, en público, en la plaza de Valledupar, y en presencia de las cadenas nacionales y regionales de televisión. Pero primero interpreto la canción, para que vean que el acordeón sirve y, luego sí, lo volvemos candela viva”.

 

San Andrés – Pedro García & Miguel López – Tiempos de parranda [1996]

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

SAN ANDRÉS

Allá por el mar Caribe

hay una isla encantada

más colombiana que nadie

San Andrés su bello nombre

 

A donde empieza Colombia

y yo cada vez que voy

me siento muy satisfecho

con su mar de mil colores

único en el universo

 

Y son tan lindas sus playas

y tan bonito su mar

Y Nicaragua

ya no las quiere quitar

pero nosotros

por ella vamos a luchar

Y Nicaragua

ya no las quiere quitar

y hasta los gringos

se quieren aprovechar

 

Cuando era isla solitaria

y ninguno la quería

era una cosa distinta

 

Después de tantos tratados

aceptaron un convenio

y nadie la vio tan bella

y hoy en día que es tan bonita

quieren adueñarse de ella

 

Ahora viene Nicaragua

un país descuadernado

a pelear sin fundamento

 

Un pueblo que no ha podido

a través de tantos años

arreglar su situación

pero están perdiendo el tiempo

con tremenda pretensión

 

Que lo diga el mundo entero

si no tenemos razón

mejor prefiero

quemar mi propio acordeón

si Nicaragua

se burla de mi nación

 

elheraldo.co

San Andrés,


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Designed by elogi.